Al juez
Raúl Nicolás García Orejudo del mercantil número siete de
Barcelona se le acumula el trabajo. En los tres primeros meses del año
ha declarado más de diez concursos de acreedores y en los próximos
meses deberá decidir a contra reloj sobre la continuidad de cientos de
empleos, el destino de millones de euros, y el honor y el patrimonio
de algunos administradores de empresas.
Desde el día 10 de enero están en sus manos los expedientes de la
editorial
MC Ediciones y la distribuidora
Coedis, ambas participadas
mayoritariamente por la familia
Cadena. Aunque sus nombres no son
conocidos por el gran público, la primera tenía 166 trabajadores y
publicaba hasta enero de este año 76 revistas, entre ellas
Qué Leer,
Integral, Casa Viva, FHM, DT, Clío, Penthouse o Rutas del Mundo.
Coedis, por su parte, distribuía más de 700 publicaciones y era uno de
los líderes del sector en España.
El día 18 de enero
García Orejudo designó como administrador concursal de
las sociedades a
Marc Bernabeu Anton, que habrá de valorar si solicita
la calificación de concurso culpable, a la vista de la gestión
realizada por los directivos de la empresa y de las irregularidades
presentadas por los abogados de
Col.lectiu Ronda, representantes de
los trabajadores. Éstos decidieron el 17 de marzo no firmar el acuerdo
sobre las indemnizaciones a los 99 afectados por el ERE, al no existir
garantías de su cobro. Tras una providencia del juez que prorrogaba el plazo de negociación e instaba a llegar a las partes a llegar a un acuerdo, el día 26 votaron a favor de recibir 22 días de indemnización por año trabajado, con un máximo de 12. Ahora esperan que el juez saque a la luz el patrimonio oculto de la empresa y de los administradores, y que actúe contra sus bienes personales para cubrir la deuda. El administrador ha tenido que pagar horas extras a los contables para procesar los datos de más de un millar de acreedores a los que en enero se adeudaba, según los autos judiciales, más de 15 millones de euros.
Las sospechas sobre la gestión de
MC Ediciones y
Coedis estaban en
boca de los propios trabajadores y acreedores antes de que se
presentara el concurso.
“¿Cuál es la pena de prisión por falsedad de
documento mercantil? Pelotas, facturas intragrupo, familia en
nómina...” decía el twitt de un empleado contable. Unos días después,
al recibir la noticia de la presentación por sorpresa del concurso
voluntario de acreedores, las miradas se dirigieron a las empresas en
el entorno de
MC Ediciones, administradas por sus accionistas o
supuestamente por testaferros.
La primera entrada del blog
InsideMCed, abierto por acreedores de
MC
Ediciones con la intención de sacar a la luz los trapos sucios de la
empresa, se tituló
“¿Alguien conoce a este hombre?” y reprodujo la
foto del administrador de la empresa
Polar Tibsa, una de las señaladas
como sospechosas de participar en una trama financiera poco
transparente. La entrada anunciaba que se iba a explicar su
“vida y
obra”. La reacción del despacho de
Gabriel Nadal, contratado por los
administradores de
MC Ediciones y
Coedis fue fulminante: se dirigió al
blog una advertencia para que se retirara la foto, por supuesta
vulneración del derecho al honor y a la propia imagen, so pena de
emprender acciones legales contra
InsideMCed.
El gesto desproporcionado, pues pasaba por encima del derecho a la
información y a la libertad de expresión, fue un síntoma del
nerviosismo que cundió en las oficinas de
MC Ediciones y de
Gabriel
Nadal. Se había tocado una fibra sensible. Según fuentes del entorno del director general de
MC Ediciones,
Joan Ramon Fuertes Llorca, y del presidente de la sociedad,
José Cadena Grande,
“la función de Polar Tibsa era obtener crédito de entidades financieras en un momento en que MC Ediciones no podía conseguirlo” al ser una empresa morosa. Es decir, se trataba de montar una
“pantalla” para ocultar a los bancos –Banco de Santander, especialmente– a dónde iba a parar su dinero.
Polar Tibsa no ocultaba ningún patrimonio, sino todo lo contrario.
Como consecuencia de su actividad de intermediación, llegó a acumular
una deuda de 400.000 a 600.000 euros con
MC Ediciones y
Coedis, tal
como aparece en la contabilidad de las empresas a principios del
pasado mes de enero, según fuentes de los departamentos financieros.
Pero es una deuda que no existe realmente, pues
“Polar Tibsa es MC
Ediciones”. La sociedad instrumental acabó siendo utilizada para
reducir la deuda aparente de
MC Ediciones y
Coedis. Pese a conocer
esta realidad, el abogado
Gabriel Nadal dijo al comité de empresa que
Polar Tibsa se vería en la obligación de negociar la deuda o presentar
su concurso de acreedores, algo que sería obviamente fraudulento.
Por tanto, el activo de
MC Ediciones es menor de lo que aparece en las
cuentas entregadas al administrador concursal y éste deberá tenerlo en
cuenta en su valoración sobre la viabilidad de las empresas. ¿Esto
quiere decir que la situación es peor de lo que se ha hecho parecer, y
que los trabajadores y acreedores tienen menos posibilidades de cobrar
su dinero? En realidad no, pues si unas empresas instrumentales
ocultan deuda, según las fuentes mencionadas, otras supuestamente
reciben ingresos cuyo destino último se desconoce.
Pese a encontrarse en posición delicada, las fuentes mencionadas señalan a
Joan Ramon Fuertes Llorca como el artífice de estas y otras operaciones financieras probablemente ilegales, y a
Luis Juan Orellana Pizarro de Dalmau como uno de los testaferros obedientes en la sociedad
Sex Books.
“Todas las deudas que MC Ediciones y Coedis pudieran tener con estas sociedades y otras son en realidad falsas y por tanto habría que restarlas del pasivo”, indican.
Consultado el señor
Dalmau, asegura que entre su empresa y
MC Ediciones sólo existe una relación comercial, que
Coedis le debe una cantidad de dinero, cuyo monto no recuerda exactamente, y que por ello está entre los acreedores. Dicho esto no quiso responder a más preguntas ni conocer más informaciones que le concernieran.
Sobre Fuertes Llorca, las fuentes afirman que
“es un profesional de hacer negocios ilícitos, un profesional de las pelotas financieras y de las facturaciones falsas”. Sin miedo a ser escuchado, habla de que lo está
“metiendo todo en Alphabetum y en Sex Books”. Para ocultar la relación entre
Alphabetum y
MC Ediciones y sus administradores y accionistas, se comenta la conveniencia de cambiar su domicilio social. Asimismo se tramita el cambio de nombre de
Sex Books por
Silver Book 1985.
Además, desde los departamentos financieros se señala a
Hilsin, administrada por
Maria Elvira Giménez Salinas Massó, esposa de
Luis Juan Orellana, y se asegura que existe una
“caja” o cuenta segura donde hay dinero y que escapa al control del administrador concursal. En el teléfono de la sociedad que aparece en el
Registro Mercantil dicen no conocer a la señora
Giménez ni la empresa ni desean dar más explicaciones. En consecuencia ha resultado imposible contrastar la información con ella.
Trabajadores de
Coedis coinciden en considerar a
Joan Ramon Fuertes
como el único responsable de que un negocio que ha funcionado durante
30 años se haya visto abocado a un sorpresivo concurso de acreedores que con toda probabilidad acabará siendo calificado de culpable.
“Fuertes consideraba que los sueldos de los trabajadores de Coedis eran un gasto innecesario para el grupo empresarial; él tenía otros planes, que no tenían nada que ver con los intereses de la empresa”, dice un empleado veterano de la distribuidora.
Muchos acreedores y trabajadores temen que el juez
García Orejudo pase
demasiado rápido sobre los expedientes. De su primera providencia deducen que no quiere saber nada de las irregularidades. Otros piensan que sólo hay que dar tiempo al tiempo para que el concurso culpable caiga como fruta
madura. Señalan que el juez también ha pedido a la empresa que aporte
la documentación que le ha solicitado, sin éxito por el momento, el
administrador,
Marc Bernabeu. Luego todo saldrá inevitablemente
a la luz, dicen.
Las personas aludidas pueden aportar las informaciones que consideren oportunas, bien poniéndose en contacto con el blog a través del mail o bien dejando un comentario. Muchas gracias.